"¡No te cuelas en las colas! ¡No vendes drogas! ¡No abusas de niños pequeños! ¡No te aprovechas de la miseria de los demás! ¡Las reglas se establecieron hace mucho tiempo! ¡No cambian!"
Frank es un señor medianamente feliz que vive con su mujer. Los mejores
momentos de su vida son dos: el día de su boda y el día que le dijo a un
poli algo así como "¡El ladrón se fue por allí!" justo después de ver
huir a un caco. Ha hecho un dibujo de cada uno de esos momentos y los
tiene pegados en la pared de su habitación. Los mira para sentirse
feliz, pero como su mujer le dice que las manos de sus dibujos son
demasiado grandes, coge el Tippex™, las borra y dibuja unas nuevas mucho
más pequeñas, lo cual le hace aun más feliz porque es lo que ella
quiere. Ella, por cierto, es drogadicta, y le abandona a los diez
minutos de película por un traficante de drogas. Entonces Frank llora y
le pregunta a Dios por qué todo es tan injusto, y Dios responde con
tentáculos gigantes, porque Frank, desde pequeño, ha tenido visiones.
Esto, señores, es triste, así que Frank se viste de rojo y sale a la
calle a abrir cabezas con su llave inglesa basándose en un tipo de
justicia inocente y muy violenta.
